El dilema de ser araña
Peter tiene demasiadas responsabilidades y no puede cumplir con todas. Lo despiden de un trabajo, le va mal en la U y su relación con Mary Jane se vuelve imposible. Por si fuera poco también debe ir salvando a media ciudad como el Hombre Araña. La solución a lo anterior parece ser dejar la vida de héroe de lado y abandonar el traje rojiazul.
Pero por desgracia la vida de Peter no puede ser así de sencilla y bella. Producto de un fatal accidente el respetado científico Otto Octavius queda adherido a una armazón de tentáculos metálicos y se transforma en el Dr Octopuss, un villano que pretende arrasar con Nueva York. No hay otra, el Hombre Araña debe volver.
Esperadísima segunda parte. La película entra de lleno a la historia, ya que a los personajes, por un hecho, los conocemos. Esto ayuda a que el solo se deba presentar al villano. Quizás el único que sufre un cambio de la cinta anterior a esta, es Harry Osborn, quien atormentado por la muerte de su padre se obsesiona con matar al hombre araña.
Las actuaciones son livianas, pero no molestan. La dirección de Sam Raimi se sienta más fluida y condimentada con toques de terror muy sutiles. Los efectos son superiores a la entrega anterior y en la banda sonora Danny Elfman vuelve a mostrarnos su toque. También figuran canciones de Train, Maroon 5, Dashboard Confessional y Ana, que ahí se va insertando a lo largo de la cinta.
Lo que queda claro es que la saga se transformó en una serie de folletines, al mejor estilo de los cortos de los años 30 que se pasaban un capítulo por semana. Pero y qué, entendamos que es un producto netamente comercial, con el que medio Hollywood se alimenta. Nosotros no nos mortifiquemos, disfrutemos la cinta, sigámosles el juego y esperemos la tercera parte.
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