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En un escenario de película, el de la Plaza de España de la capital hispalense, entre azulejos artesanales, ladrillo rojo y arquitecturas de fantasía andaluzas, unas 10.000 personas han asistido este sábado a una epopeya punk-rock servida por los iconos del estilo Green Day.

Suyo ha sido el privilegio de actuar en este espacio protegido y raramente expugnado por la música, menos aún por la irreverencia musical y el cuero negro, todo gracias a la cadena MTV, que en menos de 24 horas celebrará en esta ciudad la entrega de sus European Music Awards.

No ha sido menos espectacular este calentamiento previo, ni por el marco (otrora escenario de la saga "Star Wars"), ni por el aforo (más del doble de las que asistirán a la ceremonia), ni por los protagonistas, los únicos con una trayectoria de más de 20 años en un evento plagado de efímeros "one hit wonders" y enfocado cada vez más no ya a los "millennials", sino a la Generación Z.

Al menos esta vez, público diversificado en edad y estilos en el vestir para disfrutar desde la caída del sol de la actuación de otros veteranos, los españoles León Benavente, con un Adrián Boba revoltoso y encendido al frente de este grupo de post-punk hasta el imprescindible remate con "Ser brigada".

La única sombra en ese punto ha venido de la organización, algo de lo que se quejaban en redes sociales los damnificados por un acceso al recinto muy lento que ha dejado a miles de personas sin poder disfrutar a tiempo del concierto.

La potencia sonora de la producción que se ha hecho palpable con León Bevante se ha llenado aún más de sentido con los británicos The Struts, condensación coetánea de los Stones (imposible no pensar en Mick Jagger al ver a su vocalista Luke Spiller), las progresiones vertiginosas a la guitarra eléctrica a lo Def Leppard y la ampulosidad glam rock de Queen. En resumen, otra fantasía.

De fondo, en la realización televisiva del evento, siempre esa monumentalidad de la Plaza de España que todo lo engrandecía como poderoso contrapunto anacrónico y que ha acogido seguidamente a Green Day tres días después de que los estadounidenses recalaran, en otra ocasión única, ante solo 2.000 personas en una sala de conciertos de Madrid.

Como en esa cita, los de Billie Joe Armstrong solo han salido a escena tras dejar sonar íntegras "Bohemian Rhapsdoy" de Queen y el "Blitzkrieg Bop" de The Ramones, contexto tras el que han desenvainado "Minority" como primer plato.

No ha habido mucho que esperar para uno de sus grandes clásicos, "Basket case", tocado no una, sino dos veces "para que todo el mundo se volviera realmente loco", como ha pedido la banda, ante este trallazo de los años 90 que heredó la rabia lánguida del grunge y la convirtió en una llamarada de fuego.

Convenientemente hiladas para no bajar el ritmo de atención han disparado "Holiday" con una astracanada de fuegos artificiales y la enorme "Boulevard of Broken Dreams", clímax cósmico de la velada con su gran desenlace.

Desprevenido le ha pillado al público presente el cañón de fuegos al descargar de improviso sobre "Know Your Enemy", momento en el que un fan ha podido cumplir su sueño de cantar junto a sus estrellas la letra de la canción, que Armstrong ha rematado con un vehemente "¡Viva España!".

No ha sido el único protagonista anónimo del espectáculo, porque una jovencísima seguidora con camiseta de Green Day y gorro de Papa Noel se ha adueñado del escenario poco después con su entrega, nuevamente con la aquiescencia del cantante, que incluso la ha animado a saltar sobre las cabezas de los asistentes en un momento de paroxismo punk.

No han faltado "When I Come Around" o "Waiting" en un repaso por su amplia y millonaria discografía que también ha acogido una versión del célebre "Shout!" de The Isley Brothers para regocijo de la gente que se ha unido al juego de escucharla primero en cuclillas y acabar celebrando el remate entre saltos.

Aunque para fiesta el final con "American Idiot" y con "Jesus of Suburbia" tras poco más de una hora de fulgurante y adrenalínico espectáculo que, entre más fuegos artificiales, a buen seguro permanecerá en la memoria colectiva de la ciudad, a la que aún han regalado una inesperada versión acústica de "Good Riddance" y otro bis más con "St. Jimmy". Javier Herrero.