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Simple Minds, una de las bandas más influyentes de los ochenta, está viviendo una segunda juventud que coincide con la fiebre ochentera que invade pasarelas y discotecas, pero su renacimiento "no responde solo a una moda", según dijo su cantante, Jim Kerr.

La banda escocesa actuará el próximo 30 de abril en Barcelona y el 2 de mayo en Madrid, dentro de la gira de presentación de "Acuostic", un álbum de versiones de sus temas emblemáticos, con el que celebran el 40 aniversario de la formación.

"Acoustic", en el que prescinden de sintetizadores para hacer hincapié en su alma celta, ha obtenido buenas críticas, como también ocurrió con su anterior trabajo, "Big Music" (2014).

Dos discos que han vuelto a poner en el mapa a la banda, después de la larga travesía por el desierto que vivió durante la última década del siglo XX y la primera del XXI.

"Estamos en un buen momento -afirma Kerr-, pero no necesariamente porque los ochenta estén de moda, sino porque estamos llenos de energía y de creatividad, y tenemos muchos planes".

Una afirmación que no le impide aprovechar los beneficios que pueda generar la vuelta de los ochenta: "Si nos ven como una de las bandas de aquella generación que hizo cosas interesantes que ahora se quieren recuperar, eso nos beneficia".

En todo caso, está convencido de que tanto el éxito como el fracaso "son fruto de muchos factores" y, "aunque se habla siempre del esfuerzo y el talento, lo más importante es acertar, conseguir una grabación certera en el momento adecuado, como ocurre en cualquier trabajo".

Kerr sabe de lo que habla ya que, a lo largo de su larga carrera, ha estado en lo más alto, para después verse obligado a encajar duras críticas y caer en el olvido.

Tras publicar "Don't you forget (about me)" en la banda sonora de la película "The breakfast club" y el álbum "Once upon a time", ambos en 1985, Simple Minds se convirtió en una banda de rock de estadios, y tanto el grupo como su líder compitieron en fama con U2 y Bono.

En los 90 la formación se separó y cuando se volvieron a reunir a finales de la década ya se habían desviado del camino de la fama, que les ha costado reencontrar.

"Hubo un periodo difícil en los 90, pero no voy a llorar. No nos metimos en esto para hacernos famosos, sino porque nos gustaba, y vamos a continuar", afirma Kerr, que se siente afortunado de llevar 40 años en la brecha. "Por supuesto he puesto mi vida en ello, pero es un trabajo inspirador", añade.

Con la llegada del nuevo milenio, las giras de grandes éxitos les ayudaron a resurgir, y ahora, con motivo del 40 aniversario, la banda vuelve a insistir en los temas de siempre, pero con un disco de versiones acústicas.

Según cuenta Kerr, hace veinte años que promotores y discográficas le piden un disco de versiones acústicas de sus canciones, pero hasta ahora no se había atrevido porque "los Simple Minds tradicionales tienen un sonido potente".

Y, agrega, "cuando dices la palabra acústico te imaginas a la gente aburrida, sentada en una sala iluminada con velas, y nosotros no queríamos hacer algo aburrido, sino algo energético, que se pueda bailar y cantar".

Finalmente, un promotor suizo les convenció con su insistencia y su capacidad financiera y el resultado fue un concierto "poderoso, en el que la gente cantaba y bailaba", y eso les llevó a grabar el disco.

La gira no recorre grandes estadios, sino teatros y auditorios, pero no importa, porque Simple Minds "puede estar delante de cinco personas o de 50.000, son retos diferentes que disfrutamos por igual", según Kerr.